Testimonio de una Tragedia

Rosato Cruciani López

Aquella noche del 31 de diciembre de 1952, como de costumbre, fuimos con mi esposa Elsa y mis tres hijos, Jaime, Eduardo y Domingo a saludar a mis padres en su casa de calle Viana. Pasada la media noche regresamos a nuestra casa en calle San Miguel, sector Agua Santa.

En esa época, siendo Capitán de la Primera Compañía de Bomberos de Viña del Mar, José Francisco Vergara. Vecino nuestro era don William Kenchington Manzen, en aquel entonces Capitán de la Undécima Compañía de Bomberos de Valparaíso que con un grupo de familiares y amigos celebraba la llegada de nuevo año. Al percatarse de nuestra llegada salió a invitarnos a su fiesta.

De esta forma, después de recostar a nuestros hijos, nos fuimos con mi esposa a celebrar con nuestros amigos. Esto era más o menos a las 01:00 del uno de Enero de 1953.

Compartíamos alegremente cuando a eso de 02:00 hrs. llega un llamado telefónico desde la 11 Cia. De Valparaíso, dando cuenta a su Capitán que la compañía había sido despachada a un incendio declarado en la Barraca Shultze ubicada en Av. Brasil casi esquina de calle Freire. Inmediatamente ofrecí a William llevarlo a Valparaíso en mi automóvil por estar este premunido de sirena de alarma ( Ver nota al final ), lo que facilitaría el desplazamiento por la Av. España que por la fecha se encontraba muy congestionada.

Desde lejos pudimos apreciar que el incendio era de enormes proporciones ya que ardían varios castillos de madera los que a su vez estaban cubiertos con aserrín como era usual en las barracas. Para sofocarlo no parecía haber dificultades. Solo era necesario inundar con grandes cantidades de agua ya que no había peligro de propagación.

Por la parte posterior de la barraca incendiada, hacia el lado norte, con salida hacia Calle Blanco, se encontraba el local de la Dirección de Caminos (hoy Vialidad).

Ninguno de los bomberos, carabineros y civiles que estaban presentes sabía que en este local se encontraban almacenados 20 cajones de pólvora, dinamita, fulminantes y muchos tambores con petróleo, parafina y bencina contraviniendo todas las normas de seguridad.

El cuidador de este local hubo de ser sacado por bomberos en completo estado de ebriedad y tal vez este sea el echo por lo que no avisó de la presencia de los explosivos.

Después de dejar al Capitán Kenchington en su cuartel de la 11ª Cía. me dirigí, como buen bombero, a ver el incendio. Me ubiqué en la puerta de entrada de vehículos al local de la Dirección de Caminos. A mi izquierda se encontraba el Mayor de Carabineros Sr. Albornoz que estaba a cargo de las fuerzas de orden. A mi derecha había un carro telescópico con su escala estirada en cuyo extremo estaban tres bomberos trabajando con un pitón. Al otro lado de la calle estaban las bodegas de la “Viña Canepa”.

Repentinamente se produce un sonido terrible, difícil de describir, acompañado de un haz de luz enceguecedor.

Pasados algunos segundos o minutos, no tengo conciencia de ello, me encontré sentado en el suelo al pie de una cortina metálica que era la puerta de la Bodega Canepa. Esto significa que literalmente “volé” de una vereda a la otra del frente.

Puerta de la Bodega Canepa tras la gran explosión

Observaba como gente corría en todas direcciones totalmente fuera de control. Movían los brazos y la boca en forma desesperada. Recién entonces comprendí que había ocurrido una explosión y que había quedado sordo fenómeno que me duró varios minutos. Al incorporarme y mirar la cortina metálica observe que esta estaba hundida con la silueta de mi cuerpo y no cabe duda que fue lo que me salvo la vida. No corrió igual suerte el Mayor de Carabineros que golpeó contra la pared y falleciera días después. Recobrada la conciencia, pero no la audición, pude ver con horror el terrible desastre que había a mi alrededor. Bomberos totalmente ennegrecidos por la explosión pidiendo auxilio, supongo, ya que no escuchaba nada, cuerpos inertes y mutilados por todas partes. Los tres bomberos que estaban en la escala telescópica colgaban de sus piernas que estaban entrelazadas en los palillos de la escala. Habían recibido en forma directa los efectos del cono expansivo de la explosión. Al rato llegaron más bomberos que subieron y fueron bajando uno a uno los cuerpos. Yo cooperé recibiéndolos al pie de la escala. No se si estaban con vida o no ya que rápidamente los llevamos a un camión que apareció en la esquina de calle Rodríguez. Una vez que se completo el camión con cuerpos que llegaban de todos lados se dirigió raudamente a la posta.

Sacamos varios cuerpos mas del lugar de la explosión y los fuimos alineando en la esquina de calle Blanco con Freire. Por respeto a sus familiares no deseo entrar en mayores detalles, pero son visiones que jamás olvidaré. Después supimos que habían fallecido 50 personas siendo 36 de ellas bomberos además de 350 heridos.

En el entretanto, producto de la explosión, el fuego había pasado al otro lado de la calle Blanco y empezaba a incendiarse la bodega de Canepa. Producto de la explosión ya no existía ninguna armada de ataque. Ante esta situación me dirigí rápidamente al Puesto de Mando que estaba en la Av. Brasil bajo el mando del Comandante Tito Budge y como Capitán de la 1ª Cía. De Bomberos de Viña del Mar le ofrecí nuestra ayuda. La aceptó de inmediato y me pidió que despachara dos compañías de agua y una de escala. Debo recordar que en esa época Bomberos no contaba con equipos de comunicaciones y los teléfonos no funcionaban producto de la típica congestión que ocurre en esa fecha. Corrí lo más rápido que pude hasta mi auto que había dejado en calle Rodríguez esquina Brasil, el que encontré cubierto de vidrios y otros objetos. Se me dificultaba correr. Después descubría que al taco de mi zapato derecho le faltaba la mitad, presentando un corte en diagonal perfecto. No hay duda que fue una esquirla en la explosión. No recuerdo cuantos minutos demoré en llegar a mi compañía pero estoy seguro que jamás igualaré ese tiempo.

En la Primera

Al llegar al cuartel me encontré con unos 15 bomberos ya listos con sus uniformes de trabajo que habían concurrido al escuchar las noticias por radio. Don Augusto Cisternas, nuestro gran Cuartelero, ya tenia los dos carros preparados, con sus motores calientes, listo para salir. Siendo el único Oficial tomé el mando y despaché, además de nuestra compañía, a la 2ª y 3ª . Yo, como maquinista conduje el otro carro.

Fue una carrera impresionante. La ciudadanía, ya enterada de esta tragedia, nos despejaban las calles en forma inmediata, subiéndose a las veredas con sus autos y haciendo todo lo necesario para no entorpecer nuestro desplazamiento hacia Valparaíso.

En aquella época cada compañía buscaba su propio abastecimiento por lo que armamos el grifo de Av. Francia esquina Brasil y estiramos material hasta la bodega de Canepa que ardía completamente con fuego muy violento. En ese momento nos avisan que en el interior de una de las bodegas había una bomba de bencina. Con la 3ª de Viña que había hecho otra armada, desde otro grifo, trabajamos codo a codo hasta que logramos controlar el fuego y así evitar una nueva explosión con consecuencias insospechadas.

De repente nos damos cuenta que esta aclarando. Se me acerca el Comandante Budge para agradecer la cooperación del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar y nos autoriza para retirarnos. Eran, más o menos, las 06:00 hrs.

De regreso en nuestro Cuartel nos sentamos en el borde de una vereda que tenía la pérgola en todo su largo. Nadie hablaba, todos en silencio. Solo se escuchaban nuestros sollozos que no podíamos contener. Cuanto rato estuvimos allí sentados, no lo sé, pero fue bastante. Nuestro Cuartelero Augusto nos preparó una taza de té caliente que nos vino muy bien. Ni siquiera se pasó lista. No podíamos hablar. Un nudo en nuestra garganta lo impedía.

Di la orden de retirarse como a las 08:00 hrs. ya que nadie se movía de su lugar.

Sí, “fue una trampa injusta”, como dijo alguien en la despedida de nuestros compañeros de ideales.

A los funerales de los 36 mártires del Cuerpo de Bombero de Valparaíso asistieron delegaciones de todos los Cuerpos de Bomberos de Chile, el Presidente de la Nación Sr. Carlos Ibañez del Campo y los Ministros de Obras Publicas, de Hacienda, del Interior, de Educación y de Justicia. Además de los Alcaldes de Valparaíso y Viña del Mar y miles de ciudadanos que quisieron, con su presencia, rendirle un último homenaje a esos bravos bomberos que dieron su vida por la ciudad.

Rosato Cruciani López

Muchas gracias por tu interés en conocer más sobre la impactante historia relatada por nuestro ex Capitán. Si llegaste hasta aquí, tal vez sientas curiosidad en saber como ayudar a la Primera y sumarte al grupo de benefactores y amigos de nuestra Bomba.

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